Mis días se han vuelto muy grises, no sé por qué no estás aquí. Aunque tengo mucho frío, no estoy afuera de tu casa pidiendo tu cobijo. Me siento triste cuando recuerdo las cosas importantes que hicimos juntos, porque en todos los momentos felices estuviste allí. ¿Cuántos momentos tristes fueron? Creo que han sido tantos, en los que no he visto a nadie allí, a un lado, sosteniendo mi cuerpo que se partía en dos.
Estuve muriendo mientras mi cuerpo fingía flotar ante la gente. Mi cama me enterraba por las noches, llorando bajo la arena de las sabanas, abrazando a la almohada, porque no estabas.
Soy tan vulnerable ante ti, yo misma te di la llave que abría el cajón de mis monstruos, y no guarde la copia. Soy tan frágil en la oscuridad y te di mi lámpara. Soy tan débil en el frío y te otorgué mi piel. Soy un total demonio y me quitaste el disfraz de ángel.
Puedes contarle al mundo de lo que estoy hecha, porque solo tú lo sabes. Puedes dibujarme sobre el cielo, relatar mis te quiero. También puedes gritarle al mundo de qué tamaño son mis sueños. Solo tú los conoces sin restricción.
Incluso deberías ir haciendo un instructivo de mi vida, porque ya no sé lo que hago, a donde voy. Sólo sé que no estás.
He intentado mil veces llamar a la puerta y nadie responde. Mis nudillos sangran de tanto pedir auxilio y que no salgas. He aprendido a detener la hemorragia sin salir a gritar tu nombre por las calles.
Puedo estar sola con mis tristezas, sin que trate de buscar tus brazos para que me protejan de mí misma.
Me caí tantas veces que aprendí a levantarme sin tu ayuda.
Mi psicólogo dice que eres ese tipo de personas que no saben lo que quieren, de los que creen que pueden irse mucho tiempo y olvidarse de ciertas cosas, porque creen que a su regreso todo estará igual. El problema era que te ibas y yo me quedaba a mitad de la calle esperando a que volvieras y sin que nada hubiera pasado.
Yo en cambio creo que vives en un mundo fantástico donde las hadas te llevan a un viaje largo. Los duendes te muestran lo fantástico de la oscuridad. Me gustaban esos viajes contigo ¿Sabes?
Pero he encontrado otro mundo en el que soy más feliz, en donde soy más productiva, en donde puedo vivir de verdad. En donde las hadas no existen, pero están ahí.
Ya no quiero escapar de la vida creando un mundo alterno. Porque la vida se me pasa, si no vivo la realidad. Como se te ha estado pasando a ti, sin saber que pasa realmente con tus amigos, con tu familia, contigo mismo.
Realmente no espero que contestes las llamadas, porque ya no te llamo, ni me dan ganas de hacerlo. No espero que vengas a mí pidiendo disculpas porque ya no te creo.
Espero que no pienses que estaré aquí a un lado del teléfono esperando escuchar tu voz. Tampoco estaré de lado de la puerta confiando en que darás unos pasos y llegarás a casa. No revisaré mi mail todos los días esperando que me digas que quieres verme.
Te extraño, pero desde hace algún tiempo, antes lloraba porque no estabas, quería llamarte e implorarte que me ayudaras a detener tanta sangre. Ahora me acostumbro a que me hagas falta cuando muero lentamente, cuando me quiebro por los fantasmas del pasado, cuando me entierro en la cama porque no puedo con el demonio.
Ahora simplemente prefiero aprender a ser fuerte.